Además de mantener viva la comunidad y las ilusiones que hay detrás de Orsai parece que el nuevo proyecto editorial tiene cabreada a mucha gente. Yo creo que esto habría que ponérselo en el haber literario a Hernán porque ya casi nadie se cabrea por nada (y si no que se lo pregunten a los españoles). Que lo haga tanta gente y por una cosa literario-emocional no deja de tener su mérito.
En mi opinión, el cambio de modelo de suscripción propuesto es bueno por tres razones. Y claro, ya suponen que para mí estas razones superan los estropicios sentimentales y económicos que causa la suscripción anual.
1. Sostenibilidad: empezar algo como Orsai es difícil -muy difícil, diría yo- y crear una comunidad como la que se ha creado en torno a la literatura es ciencia ficción. Pero es no es lo más difícil: mantener el proyecto vivo y viable es lo más difícil, mucho más que crearlo Esto lo sabe cualquiera que haya hecho nada, sea empresarial o de ONG. Yo creía -en parte gracias a la retórica de Hernán- que la cosa se acababa con el nuevo año y cada uno a lo suyo: como me dijo un amigo cuando empezamos: “lo de Orsai es un happening vanguardista”. Entre eso y un “proyecto neoliberal” para hacerse rico hay una diferencia, aunque si alguien es capaz de hacerse rico con la literatura habría que hacerle un monumento. En el campo de las nuevas tecnologías el camino está sembrado de buenos proyectos que se murieron porque no eran sostenibles. Alternativas: rezar a la virgen, ponerse en manos de un gran patrocinador (véase Firefox con Google), publicidad (descartada en los mandamientos fundacionales de Orsai), gobiernos (defunción inmediata), o…..la comunidad. Es decir, nosotros.
2. Literatura: la cosa es que la literatura, los textos, cómics, crónicas, autores, …. sigan ocupando la mayor parte de nuestro tiempo mental, si todo va a ser dinero y gestión para los lectos y los editores, pues nos metemos a otra cosa -¿una escuela de negocios?, ¿el Banco Central Europeo?, ….-. Vamos, que la cosa es que no nos muramos de pena porque Orsai no es viable y que sigamos disfrutando de los textos.
3. Libertad: intenten “disfrutar”, comprar o suscribirse a cualquier cosa sin seguir los procedimientos establecidos por el vendedor y su cadena de distribución. Pues bien, eso se llama piratería -según ciertas leyes aprobados hace poco y un modelo económico que nuestros mercadilllos y rastros desafían hace años con gran éxito- y una de las cosas buenas de Orsai es que se puede puentear al editor y arreglárselas uno con sus propios intermediarios al precio y condiciones que uno quiera. Eso es maravilloso y sobre todo da mucha libertad. Podemos hacer casi todo lo que queramos. Una de las cosas peores de las quejas de las últimas semanas no es que no tengan razón -como digo, incluir a todo el mundo es importante- es que esperan que papá Casciari les solvente el asunto (espero que la cuestión no sea espiritual y todos queramos que nuestro ejemplar lo haya tocado el gurú con sus manos) como si se tratase el ministro del ramo: a llorarle al gobierno que seguro que lo soluciona. Estábamos cambiando nuestros hábitos también al hacer Orsai y para eso hay que usar la libertad que nos da el modelo económico y libertario del proyecto. Saltarse a los editores y negociar con los distribuidores, pero hagámoslo entre nosotros:un poco de confianza, imaginación, compromiso y unos dólares aquí y allá solucionarían casi todos los problemas. No perder a la gente que no puede comprar de golpe sigue siendo prioridad, pero hay formas de solucionarlo dentro de la nueva propuesta.
A ver si podemos volver a los textos y a los autores: de momento, el editor gana con el golpe de los nuevos fichajes.
Feliz Orsai 2012,

PD: este post se publicó como “comentario” en http://orsai.bitacoras.com/ el 5 de enero de 2012

 

Kyoto es una entrañable y moderna ciudad de barrios. A pesar de que sus calles transpiran historia y de que la ciudad y sus alrededores están trufados de templos y cementerios que saludan al visitante en los lugares más inesperados, Kyoto respira modernidad.

La calle Pontocho es la primera de las atracciones en el centro de Kyoto. A lo largo del río, esta estrecha calle se forma de viviendas y locales misteriosos por donde deambulan en la noche los seres hambrientos. De cuando en cuando un grupo de geishas alegran con sus coloridos vestidos la oscuridad de la noche.
Las mismas geishas —¿o serían otras?— reaparecen en las calles de Gion.
Aquí los turistas y visitantes se agolpan para captar una instantánea de otra vida, de otro tiempo, que ya no fue y que sólo existe en el turismo imaginario.

Pura invención de la cultura postmoderna. Bella invención en este caso.
El barrio de la universidad está delimitado por el río Kamo a un lado y por la montaña a otro. Alrededor del campus de Yoshida los cafés franceses e italianos recuerdan un escenario europeo, entre cafés olé y deliciosos croissants. ¿Y el te verde? ¿El sushi? ¿La sopa miso? Estos recovecos de vida urbana desmitifican los tópicos acerca de un Japón distinto y cerrado, ajeno al mundo occidental. Porque si hay algo que distinga a Kyoto es que se trata de una ciudad burguesa, en el más original sentido del término, llena de historia, de cultura, de industria, de cafés,….de vida de ciudad.
El centro es otro barrio lleno de barrios más pequeños en los que diferentes niveles de historia japonesa se solapan sin mezclarse. Pero a la vez, todo el centro de la ciudad es una gran “mall” en el que las tiendas de turistas comparten espacio con los almacenes de marcas de lujo. El urbanismo en Kyoto ha sido capaz de no dejar perder ningún espacio de la ciudad y hasta debajo del tren elevado han aprovechado para construir un largo corredor cubierto por donde se extiende las calles de tiendas y comercios. Consiguen así el doble objetivo de no dejar zonas inhumanas en la ciudad e invitar al paseante a disfrutar de la ciudad de manetra continuada,, sin interrupciones en un largo paseo.
El distrito comercial está siempre lleno de gente: llenas sus cafeterías de elegantes señoras de todas las edades que comparte el tiempo y la soledad;

Llenos sus lujosos centros comerciales de comprados tranquilos a la busca de la última oportunidad; llenas sus arterias principales de paseantes, turistas, trabajadores y compradores, protegidos por la estructura semicilíndrica que recorre kilómetros de calles y humaniza la ciudad.
Kyoto son sus barrios y sus bicicletas. En los barrios, las tabernas congregan a los colegas y a los amigos al final de cada jornada.
Pequeños establecimientos llenos de finos sabores y olores….llenos de vida de ciudad. Las bicicletas acaparan todos los derechos cívicos, pueden circular por la acera, por la carreta y en contra dirección.

La mezcla de tradición y modernidad tiene su momento culminante en el desfile del día 23 de octubre. Al regreso del Santuario de Inari nos encontramos en medio de una película de Kurosawa.
Eso sí, el desfile está perfectamente organizado y los agentes de tráfico para la procesión de guerreros cada pocos minutos para que los coches puedan cruzar las calles principales.
Todo en un ritmo armónico, el ritmo de Kyoto, antiguo y moderno a la vez, como en Ran.

 

El paseo de los filósofos recorre el borde de la ladera separando, a un lado, el ruido de la civilización y, al otro, el silencio profundo de los templos. Al borde de la vida, el visitante entra y sale de la civilización a la espiritualidad, una y otra vez, una y otra vez, hasta que el azar decide en qué vertiente le toca jugar.
Ginkakuji le espera con los brazos abiertos para mostrarle la, hasta ahora, mayor de las tentaciones. Dentro, la armonía perfecta de arquitectura, paisaje y naturaleza gritan silenciosamente indicando que este es el lugar. ¿Hay acaso otro más bello en la tierra? ¿Se atrevería alguien a imitar los surcos perfectos que el zen ha creado valiéndose de la mano del hombre y de la fuerza de la naturaleza?

La curva del paseo de la filosofía


El paseo rompe momentáneamente la ilusión: hay más templos, todos a lo largo del camino, donde el paseante reedita las tentaciones de la sabiduría mientras escucha el ruido de los hombres. En el recorrido los turistas van dejando sus huellas a la busca de una inspiración que sólo un profesor encuentra a la sombre de un árbol mientras corrige las pruebas de sus jóvenes pupilos.
¿Será que es en el camino en donde hay que vivir? ¿Es el paseo el mensaje que la filosofía dejó al futuro en este lugar del mundo? La filosofía es paseo. La filosofía es contemplación y civilización. La filosofía es seguir caminando al borde del agua, entre las plantas, disfrutando de la sombra, evitando turistas, escuchando el ruido y el silencio. El paseo de la filosofía es la banda sonora de la vida.

El agua indica que el paseo no se detiene


¿A dónde nos lleva este camino de la filosofía? ¿Qué destino nos espera al final del paseo? La misma sabiduría aguarda detrás de una puerta cuyos caracteres no alcanzamos a leer. ¿Será este el lugar?
El umbral marca el tránsito hacia donde no seremos más que el otro, el extranjero que no se puede comunicar y al que todos, miran con curiosidad, algunos, con desprecio por la irreverente invasión de lo privado.
Este es el lugar.

La delicia del detalle


Al poco de estar dentro, comenzamos a ser de ellos, a comunicarnos por señas, a mostrar nuestra admiraicón y expresar nuestro asombro. Harada ejerce su maestría con la sabiduría de quien ha paseado por muchos mundos sin salir de Kyoto. ¡Qué imaginación¡ ¡Qué calidad! La cultura del detalle se manifiesta con naturalidad en cada gesto. Fukuoka y Natsu nos alegran la noche al hacernos objeto de sus burlas —¡hablar chino en Kyoto!—.

Fukuoka, Natsu, Fernando y Juan Luis, al final de la noche


Libertad de no entender casi nada, placer de disfrutar de cada detalle de la cocina de Harada: yuzus y sakes hacen el resto.

Este paseo por la filosofía sólo podía terminar aquí.

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La vida en Kyoto se esconde en los callejones. Postergados, distraídos, ajenos a las grandes arterias de la ciudad, estos pedazos de la ciudad dejan entrever el pulso de sus habitantes. Son cortos, luminosos y tranquilos, son largos, oscuros y nerviosos. Los escondidos umbrales de sus puertas sugieren al extranjero actividades íntimas, peligrosas, desconocidas, inanes. ¿Qué pasa en esos locales, en esas discos, en esas habitaciones, en esas….? Para el viajero, hasta la naturaleza de los espacios se presenta lejana por la muralla del idioma.
Más silenciosos aún que el resto de la silenciosa ciudad los callejones de Kyoto dejan escapar la vida al anochecer. Sólo entre las sombras de la noche las jóvenes deambulan, risueñas y ruidosas, de la mano de sus enamorados. Ahora sí, toda la vida acumulada se desborda en borbotones de esplendor y pasión. Locales de comida, música, amor y celebración van abriendo sus entrañas al deambular errático de unos y otros.
Mientras, atento a enderezar el curso de la vida, el río recuerda desde la linde de los callejones que el agua marca la dirección y el destino. También para aquellos que deciden hablar su amor en el murmullo de la corriente.

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Orsai ha anunciado que abre un bar en Buenos Aires. Como todas las iniciativas anteriores, esta también ha alcanzado difusión y éxitos casi inmediatos gracias a la depurada escritura publicitaria de Hernán Casciari, al trabajado sentido de comunidad que se ha creado a partir de la Revista, el adecuado uso de las redes y el mantenimiento de un núcleo de amigos en el centro e las actividades y el negocio. Debido a la alta oferta de inversores y empresarios para abrir sucursales de un Baro Orsai en otras ciudades del mundo —educadamente rechazas hasta el momento— se plantea la cuestión de qué tiene que ver esto con todo lo anterior.
Se me ocurren varias repuestas. Se trata de un negocio, como lo anterior. Parte de ese pequeño pero estable grupo de amigos que también estuvo al frente de la Revista y la Editorial y que conecta dos de los mayores placeres civilizatorios inventados por la humanidad, la comida y la lectura, constituye el motor del Café Orsai. En este caso es de esperar que la conversación que hasta ahora ha ocurrido principalmente por medios digitales obtenga un lugar físico y simbólico —sí, un café, ¿hay algo más ligado a la literatura— donde seguir reproduciéndose hasta el final de los tiempos. Y si es así, es decir, si hay amigos, comunidad, redes, conversación, comida, café, lectura, ¿por qué no va a haber un Café Orsai?
Y la verdad es que a esta pregunta no le encuentro respuesta. Adelante con la marca. Se lo ha ganado.

 

Parecía que nunca ocurriría, pero parece que la situación es insostenible y la gente se ha reunido en la Puerta del Sol de Madrid para protestar contra los que están en el poder y pedir “Democracia Real ya”. Lo raro es que no hubiera ocurrido antes: con 5 millones de parados, el 43% de los jóvenes desempleados, recortes de todo tipo, mentiras del mismo tipo por parte de TODOS los políticos de todos los signos, los ricos y banqueros haciéndose más ricos y banqueros, los directores del FMI pagando $3000 por una habitación de hotel en NY, los jóvenes árabes protestando, …., Telefónica despidiendo a 2000 trabajadores en España y repartiendo millones en bonus a sus directivos, …. ¿Cómo no ha ocurrido antes?
Para añadir más vergüenza al tema, la Junta Electoral de Madrid ha prohibido la concentración en la Puerta del Sol porque puede afectar la decisión de voto de los ciudadanos en las elecciones municipales y autonómicas del domingo…. Pero, ¿no le queda ni un atisbo de vergüenza a nadie?
Ahora se plantean muchos interrogantes que van a ir poniendo a cada uno en su sitio:
-¿Qué van a decir nuestros líderes políticos? Los más espabilados ya han dicho que los manifestantes tienen razón….¿para callarles?
-¿El talante y el gran plan de futuro para España, es decir, las etiquetas de los líderes de los dos grandes partidos tienen algo que decir?
-¿Se va a articular la protesta? ¿Se va a concretar?
-¿Se va a atrever algún polític@ a ordenar la carga de la policía para desalojar a las miles de personas?
En fin, me quedo con un atisbo de esperanza por esta movilización espontánea que representa la indignación generalizada ante el sistema en que vivimos. También me quedo con una de las pancartas de los manifestantes: ¿se puede acampar varios días para ver a Hanna Montana y no podemos defender nuestros derechos de forma pacífica en la calle?

 

¡Otra vez! Ocurre una vez por temporada. A veces más. Bueno, quizás el año de todas las copas se les olvidara escribirlo. Lo que importa es que ya ha aparecido esta temporada. En cuanto el Barça no juega bien Ramón Besa, el reportero de El País que sigue al Barça, lo soluciona diciendo que el Barça es o está “barroco”. La crónica del partido contra el Athletic compara las virtudes del Bilbao con un Barça “tan honesto y dominador como barroco”.
Honesto. Dominador. Barroco. ¿Un conquistador español olvidado de su fe en medio de la Amazonía?

Esto no es nuevo. Ya hace unos años di una charla en la que, para explicar la polisemia del término “barroco” desde que Wolfflin lo pusiera de moda para hablar del arte italiano, me remití al mismo periodista para explicar este n-gram en que parece haberse convertido el tándem “Barroco-Barça”. ¡Si el buscador de Google pudiera entendernos ya como pronto lo hará!

En aquel caso, la negatividad del término “barroco” —casi un insulto: ¡eres un barroco!—, venía rodeada de imágenes morales que hacían referencia a la falta de intensidad, de energía, de energía, de un juego que sólo se puede materializar en todos su esplendor cuando se hace plenamente. Ahora también, como se puede ver por la narración del partido contra el Gijón, que marca el inicio de esta crisis barcelonista, los mismo síntomas están presentes en esta recaída barroca de los de Guardiola: “Aunque la marca barcelonista quedaba garantizada por el triángulo Xavi-Iniesta-Messi, su fútbol perdió intensidad y fiabilidad, se alteraron los mecanismos del juego y las acciones episódicas jugaron por una vez a favor del rival.”

Cambiando las palabras relevantes, esta frase la podía haber escrito un crítico de arte europeo para explicar cómo el espíritu del arte barroco quedó desmejorado en los retablos y pinturas latinoamericanas. Lo curioso de este uso futbolístico de la negatividad barroca es que es el mismo equipo, sin moverse, el que, traicionando su decálogo estético, se “barroquiza” en cuanto se descuida. ¿Será entonces que el mejor Barça de la historia, el mejor equipo de fútbol que nunca haya habido, es todo esto porque es barroco? Es decir, es tan barroco que no puede escapar de su ADN y en cuanto se descuida el principio de entropía lo devuelve a su realidad.

Y no crean que los descuidos morales son casuales en este contexto. Como entonces, cuando los males morales que acarreaban las salidas nocturnas de los “Ronaldinho’s boys” contaminaban con su conscupiscencia la belleza del ideal barcelonista, el juego del equipo se volvía barroco. Ahora son los supuestos excesos de otros, que de frugales héroes han pasado a convertirse en pobres sansones en manos de sus respectivas dalilas, los que provocan la caída del mejor equipo del mundo. ¿No se dan cuenta de que el símbolo por excelencia de este defecto erótico ha sido siempre “El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini? ¡Tanta belleza, tanta espiritualidad, tanto erotismo! ¡Tan barroco!

Lo normal sería referirse a España como un equipo barroco, puesto que lo peor de España ha venido de su barroquismo católico. Y en efecto, la hemeroteca señala que el mal inicio de España en el pasado mundial fue saludado con el siguiente titular: “Demaisado barrocos“. La primera frase decía: “La selección española fue ayer un equipo excesivamente barroco y a menudo amanerado.” Religión y sexo en una línea….para hablar de fútbol. Claro, a “España le pudo la retórica” era la versión de José Sámano de esta nueva debacle.

Se trata, sin duda, de algo que se puede rastrear también en la exposición alojada por el CCCB de Barcelona y titulada “El Defecto barroco“. El objetivo de la exposición era “desgranar la relación entre el mito hispano y su principal estrategia de supervivencia: el barroco”. Sin embargo, de las tres grandes exposiciones sobre el barroco que vi en España en 2010 —ésta, Principio Potosí y Pinturas de los reinos— “El defecto barroco” era la más españolista de todas. Su lema comenzaba con la siguiente frase: “Lo hispano está embarrocado…” y el objetivo del visitante debía ser desembarrocarlo y así des-hispanizarlo. Al pretender desprenderse de su destino barroco —como el Barçca cuando juega mal, según Besa— mediante un profundo análisis de su ideología, la propuesta no hace sino recurrir a los mismos elementos que pretende desvelar. Crítica y retórica para borrar crítica y retórica. El problema es que del destino no se puede escapar, como sabían los trágicos.

El Barça no es barroco porque el barroco no es exclusivo del mundo hispano. ¿Han viajado por cualquiera de las capitales europeas, católicas o protestantes, del norte o del sur? ¿En cuál de ellas no hay arquitectura barroca? El Barça no es barroco porque la pérdida de tensión de un sistema tiene que ver con sus ciclos de vida y sus fuentes de energía, no con su estética, y confundir ambas cosas, realidad y retórica, es precisamente, “el defecto barroco”…. Pero de los críticos, no de los objetos. El Barça no es barroco porque el Barça no ha leído a Maravall: el Barça juega al fútbol.

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En Anatomía de un instante, Javier Cercas retrata a tres protagonistas de la transición a la democracia en España, cuya principal característica es que traicionaron —en el pleno sentido del término— a los grupos de poder cuyos intereses e ideologías “representaban”. Al hacer eso fueron en gran medida “señalados” por su propios grupos como apestados, atacados, denostados, odiados, vilipendiados. Al hacer eso hicieron posible la transición a la democracia. Sus traiciones fueron profundamentte éticas, pero no por ello dejaron de ser traiciones.

Alex de la Iglesia ha traicionado a sus compañeros del mundo del cine, ha hecho un mal uso de su puesto como Presidente de la Academia, ha sido señalado, atacado, denostado, odiado y vilipendiado. Probablemente, ha hecho su mejor servicio al mundo de la cultura en España. No sólo porque ha dialogado con el enemigo —los internautas— ni porque ese diálogo le haya permitido entender mejor las posibilidades comerciales y culturales que esperan a los creadores en el nuevo ecosistema. No. Lo importante del gesto de Alex de la Iglesia ha sido el carácter profundamente ético de su traición.
Cuando alguien adopta la ética del traidor y se desnuda, con él se caen todos los interesados argumentos que escondían lo que no eran más que intereses.
Cuando alguien adopta la ética del traidor muestra que hay otras formas de resolver los conflictos.
Cuando alguien adopta la ética del traidor la transición es imparable.

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http://www.rayuela155.org/

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by Juan Luis Suárez in Yutzu.

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