Orsai ha anunciado que abre un bar en Buenos Aires. Como todas las iniciativas anteriores, esta también ha alcanzado difusión y éxitos casi inmediatos gracias a la depurada escritura publicitaria de Hernán Casciari, al trabajado sentido de comunidad que se ha creado a partir de la Revista, el adecuado uso de las redes y el mantenimiento de un núcleo de amigos en el centro e las actividades y el negocio. Debido a la alta oferta de inversores y empresarios para abrir sucursales de un Baro Orsai en otras ciudades del mundo —educadamente rechazas hasta el momento— se plantea la cuestión de qué tiene que ver esto con todo lo anterior.
Se me ocurren varias repuestas. Se trata de un negocio, como lo anterior. Parte de ese pequeño pero estable grupo de amigos que también estuvo al frente de la Revista y la Editorial y que conecta dos de los mayores placeres civilizatorios inventados por la humanidad, la comida y la lectura, constituye el motor del Café Orsai. En este caso es de esperar que la conversación que hasta ahora ha ocurrido principalmente por medios digitales obtenga un lugar físico y simbólico —sí, un café, ¿hay algo más ligado a la literatura— donde seguir reproduciéndose hasta el final de los tiempos. Y si es así, es decir, si hay amigos, comunidad, redes, conversación, comida, café, lectura, ¿por qué no va a haber un Café Orsai?
Y la verdad es que a esta pregunta no le encuentro respuesta. Adelante con la marca. Se lo ha ganado.

 

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