La vida en Kyoto se esconde en los callejones. Postergados, distraídos, ajenos a las grandes arterias de la ciudad, estos pedazos de la ciudad dejan entrever el pulso de sus habitantes. Son cortos, luminosos y tranquilos, son largos, oscuros y nerviosos. Los escondidos umbrales de sus puertas sugieren al extranjero actividades íntimas, peligrosas, desconocidas, inanes. ¿Qué pasa en esos locales, en esas discos, en esas habitaciones, en esas….? Para el viajero, hasta la naturaleza de los espacios se presenta lejana por la muralla del idioma.
Más silenciosos aún que el resto de la silenciosa ciudad los callejones de Kyoto dejan escapar la vida al anochecer. Sólo entre las sombras de la noche las jóvenes deambulan, risueñas y ruidosas, de la mano de sus enamorados. Ahora sí, toda la vida acumulada se desborda en borbotones de esplendor y pasión. Locales de comida, música, amor y celebración van abriendo sus entrañas al deambular errático de unos y otros.
Mientras, atento a enderezar el curso de la vida, el río recuerda desde la linde de los callejones que el agua marca la dirección y el destino. También para aquellos que deciden hablar su amor en el murmullo de la corriente.

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One Response to Los callejones de Kyoto

  1. Qué bello. Me alegro de que Japón os esté inspirando, es un país increíble.

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