Kyoto es una entrañable y moderna ciudad de barrios. A pesar de que sus calles transpiran historia y de que la ciudad y sus alrededores están trufados de templos y cementerios que saludan al visitante en los lugares más inesperados, Kyoto respira modernidad.

La calle Pontocho es la primera de las atracciones en el centro de Kyoto. A lo largo del río, esta estrecha calle se forma de viviendas y locales misteriosos por donde deambulan en la noche los seres hambrientos. De cuando en cuando un grupo de geishas alegran con sus coloridos vestidos la oscuridad de la noche.
Las mismas geishas —¿o serían otras?— reaparecen en las calles de Gion.
Aquí los turistas y visitantes se agolpan para captar una instantánea de otra vida, de otro tiempo, que ya no fue y que sólo existe en el turismo imaginario.

Pura invención de la cultura postmoderna. Bella invención en este caso.
El barrio de la universidad está delimitado por el río Kamo a un lado y por la montaña a otro. Alrededor del campus de Yoshida los cafés franceses e italianos recuerdan un escenario europeo, entre cafés olé y deliciosos croissants. ¿Y el te verde? ¿El sushi? ¿La sopa miso? Estos recovecos de vida urbana desmitifican los tópicos acerca de un Japón distinto y cerrado, ajeno al mundo occidental. Porque si hay algo que distinga a Kyoto es que se trata de una ciudad burguesa, en el más original sentido del término, llena de historia, de cultura, de industria, de cafés,….de vida de ciudad.
El centro es otro barrio lleno de barrios más pequeños en los que diferentes niveles de historia japonesa se solapan sin mezclarse. Pero a la vez, todo el centro de la ciudad es una gran “mall” en el que las tiendas de turistas comparten espacio con los almacenes de marcas de lujo. El urbanismo en Kyoto ha sido capaz de no dejar perder ningún espacio de la ciudad y hasta debajo del tren elevado han aprovechado para construir un largo corredor cubierto por donde se extiende las calles de tiendas y comercios. Consiguen así el doble objetivo de no dejar zonas inhumanas en la ciudad e invitar al paseante a disfrutar de la ciudad de manetra continuada,, sin interrupciones en un largo paseo.
El distrito comercial está siempre lleno de gente: llenas sus cafeterías de elegantes señoras de todas las edades que comparte el tiempo y la soledad;

Llenos sus lujosos centros comerciales de comprados tranquilos a la busca de la última oportunidad; llenas sus arterias principales de paseantes, turistas, trabajadores y compradores, protegidos por la estructura semicilíndrica que recorre kilómetros de calles y humaniza la ciudad.
Kyoto son sus barrios y sus bicicletas. En los barrios, las tabernas congregan a los colegas y a los amigos al final de cada jornada.
Pequeños establecimientos llenos de finos sabores y olores….llenos de vida de ciudad. Las bicicletas acaparan todos los derechos cívicos, pueden circular por la acera, por la carreta y en contra dirección.

La mezcla de tradición y modernidad tiene su momento culminante en el desfile del día 23 de octubre. Al regreso del Santuario de Inari nos encontramos en medio de una película de Kurosawa.
Eso sí, el desfile está perfectamente organizado y los agentes de tráfico para la procesión de guerreros cada pocos minutos para que los coches puedan cruzar las calles principales.
Todo en un ritmo armónico, el ritmo de Kyoto, antiguo y moderno a la vez, como en Ran.

 

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