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A eso de las 12 de la mañana Doug (de DHL) se apareción en el lab con la enorme caja en la que venían los tres pedidos que habíamos hecho desde Londombia. Así es que por fin llegó Orsai a Canadá, calentita en medio de nuestro helado invierno.

Ahora empezamos a leerla y comentarla para luego usarla como excusa para una fiesta, a principios de febrero. Llamarlo velada poética me parece algo cursi, así es que lo dejaremos en “fiestaliterariaconmuchovino”.

Los primeros comentarios (que no voy a reproducir aquí por decoro, pero vean las caras de alunos de sus protagonistas) se han dirigido con respeto y admiración a las ilustraciones de Horacio Altuna y de Alberto Montt: y han surgido historias de jóvenes lectores que se mezclan con recuerdos de lectores no tan jóvenes.

Al poco de repartir los primeros ejemplares @versae me manda el link de otra interesante iniciativa en torno a Orsai, la traducción del ejemplar nº1 para la versión en inglés y en i-Pad: “Vamos a habilitar una wiki de traducción al inglés de la revista completa (número 1), en donde 8 traductores escogidos de una lista de muchos que se presenten, obtendrán en conjunto un 40% de la ganancia que provenga de la versión iPad en inglés. (5% cada uno.)”

¡Nuevas iniciativas a partir de una excelente idea: la medida de la creatividad en la cultura digital! ¡A disfrutar!

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Lo más raro que ha ocurrido en 2010 es el nacimiento de la Revista Orsai. Que alguien decida enterrar su plata en un proyecto editorial ya es curioso; que, con la que está cayendo (véase desde la fallida Ley Sinde hasta la llamada crisis financiera internacional), lo haga siguiendo un “nuevo” modelo económico consistente en mantener un precio base que se ajusta según el poder adquisitivo de la región de los compradores, es peculiar; que encima compre el número 1 un montón increíble de gente (más de 10.000, según los editores), llegue a tiempo (bueno, a casi todos los sitios) y los lectores esperen una revista cultural como los niños esperan los regalos de los Reyes, es raro, muy raro.

Lo raro se suele relacionar con lo feo. Hasta aquí de acuerdo. Lo que pasa es que lo raro ha sido siempre secuestrado por aquellos que son tan vagos mentalmente que no pueden ver el mundo sino desde una sola perspectiva. En esta matriz de la vagancia mental, es raro lo que no se ve bien desde esa perspectiva acomodaticia. No es que sea feo, más bien es que está borroso, no cabe en el encuadre. Pero lo raro es también el mundo de los descubrimientos, de la exploración y de la estética, es una manera de mirar y, ahora también, de hacer cosas de calidad, de manera noble, efectiva, cosas bonitas. Sí, este es el tipo de rarezas de las que tratará este blog. Ya sean las aventuras editoriales de unos locos argentinos comedores de pizzas que viven en Cataluña, ya sea la lucha por la adaptación de los emigrantes hispanos (y de todos sitios) que intentan reencontrar el sentido de sus vidas en Londombia, ya sea cualquier instante, proyecto, persona, lugar o ente de ficción que haya adoptado lo raro como categoría vital: todos ellos tendrán su lugar en algo raro está ocurriendo…

algo raro está ocurriendo…” nace del intercambio que se produce desde el CulturePlex con la gente de Orsai durante el proceso de suscripción al número 1 de la revista. Como las adhesiones de nuestra gente para participar en uno de los paquetes de 10 revistas que estábamos pidiendo fueron tan rápidas, no pude menos que expresar mi sospechas: algo raro estaba pasando.  Sólo unos pocos días antes versae me había hecho partícipe de los correos que volaban por la red acerca de este nuevo proyecto de Casciari.”¿Y quién es Casciari?”—le pregunté. “Un escritor argentino que vive en Barcelona”—me respondió. “¡Ah!” No le di más importancia, pero como la bola seguía creciendo y amenazaba con caernos encima (además se supone que en el laboratorio investigamos estas cosas digitales de la cultura) me puse a buscar hasta que acabé averiguando que el gordo que aparecía en la pagina de opinión de elpais.com, y a quien había visto un millón de veces (pero, ¿para qué leer sobre las series que ven en España?), era el tal Casciari; que además había escrito una webnovela tremendamente divertida e ingeniosa (en el mejor sentido gracianesco) protagonizada por una madre argentina y su ¿rara? familia; que había creado una pequeña comunidad a partir de un núcleo de amigos (los famosos Chiri y Comequechu) a la que se iban uniendo rar@s de muchos países; y, por último, que iban a crear un proyecto cultural “indie”, literario, bueno, a la altura de los tiempos y en español.  Algo muy raro estaba ocurriendo…

Desde que puse en la puerta de mi oficina una gran póster que sin más explicaciones decía “algo raro está ocurriendo…” varios colegas se han atrevido a asomar sus cabezas y, sutilmente (bueno no tan sutilmente, porque hasta yo me he dado cuenta) me preguntan a qué me refiero con eso que hay pegado en la puerta. Creo que casi todos piensan que el papel se refiere a alguna de sus no tan secretas conspiraciones… Y cada vez que pasa esto, me parto de risa ante el efecto  que una frase puede producir en los normales….

“algo raro está ocurriendo…” va a tratar de todas las rarezas que merecen la pena, del mundo visto desde aquí, de las relaciones que tenemos o queremos tener con otras gentes, lugares y proyectos. Y lo va a hacer porque estas rarezas que sentimos tan cercanas nos hacen creer que, incluso desde nuestro pequeño rincón, somos (o podemos ser) parte de lo que está ocurriendo. ¡Y eso es raro!

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